El cadáver de Evita fue secuestrado y escondido en los lugares más insólitos para evitar que su lugar de entierro se convirtiera en un santuario. Incluso fue trasladado a un cementerio en Milán, Italia, y repatriado a Argentina en 1974.
Hace 12 años que el historiador Osvaldo Ituarte cuenta la historia sobre el secuestro del cuerpo de Evita.
La historia del secuestro del cuerpo de Evita es tan macabra como insólita.
El historiador Osvaldo Ituarte que trabaja en el cementerio de la Recoleta y crónicas de periódicos argentinos cuentan el periplo de 24 años por el que pasó el cadáver de Evita antes de que finalmente pudiera descansar en paz.
Cuando Evita falleció el 26 de julio de 1952, su cuerpo fue embalsamado por el español Pedro Ara, exhibido durante unos días en el Congreso de la Nación y luego fue trasladado a la Confederación General del Trabajo (CGT) – la central sindical de Argentina – donde fue exhibido “a la vista del pueblo” durante tres años seguidos, contó el historiador Osvaldo Ituarte.
En 1955, cuando el presidente Perón fue derrocado en un golpe cívico-militar y debió exiliarse, el cuerpo de Evita quedó abandonado a merced de militares antiperonistas que querían evitar a toda costa que su lugar de entierro se convirtiera en un símbolo de resistencia para los argentinos, dijo el historiador.
Así fue que se la ingeniaron para esconder su cuerpo en los lugares más extravagantes.
Primero, en una furgoneta que circulaba de día y quedaba estacionada de noche, según Ituarte, hasta que aparecieron flores debajo de la misma. Bajo la presunción de que se había infiltrado información de que el cuerpo estaba allí, lo trasladaron al cine Rialto y lo escondieron detrás de la pantalla.
Luego, pasó por una oficina pública y por la oficina del Servicio de Informaciones del Ejército (SIE), donde se dio uno de los hechos más escabrosos de esta historia: el coronel Eugenio de Moori Koenig, jefe de la SIE, intentó tener actos de necrofilia con el cuerpo de Evita.
“Cuando llegó a oídos del general Eugenio Aramburu (quien asumió como presidente tras el derrocamiento de Perón), destituyó a Moori Koening”, contó Ituarte.
El cuerpo fue trasladado a la casa del mayor de inteligencia Eduardo Arandía, quien una noche creyó ver la sombra de un intruso en su vivienda, “se asustó, tomó un arma y con un disparo intimidatorio mató a su esposa embarazada Elvira Herrero”, según el historiador.
La Junta Militar dispuso el “traslado inmediato” de Evita al exterior, y montó un operativo secreto que, según cuenta una crónica del periódico Clarín, fue “sólo superado por el destino de los desaparecidos” de la última dictadura argentina.
Sólo cuatro personas estaban al tanto de los detalles de este operativo, dijo Ituarte, y una de ellas era el Papa Pío XII.
Según Ituarte y la crónica de Clarín, el Vaticano había sido contactado desde Argentina por un sacerdote llamado Francisco “Paco” Rotger” que estaba al tanto del operativo, para darle una “cristiana sepultura” al cadáver.
“Con la venia de Pío XII, pero con la decisión de que fuera una obra no vinculada directamente al Vaticano quien ayudara en este traslado, Rotger viajó a Italia” para entrevistarse con el superior de la Orden del Cardenal Ferrari, Giovanni Penco”, según Clarín.
En ese viaje se decidió que Evita viajaría a Italia bajo un nombre falso, el de María Maggi de Magistris y sería trasladado a un cementerio en Milán. El cajón con el cuerpo de Evita viajó el 23 de abril de 1957 en un buque de bandera italiana.
En 1970, la agrupación guerrillera Montoneros secuestró al general Eugenio Aramburu con el fin de que les develara el lugar de entierro del cuerpo de Evita, según Ituarte.
Pero si bien Aramburu había coordinado la operación para trasladar su cuerpo a Italia, no sabía exactamente en qué lugar se encontraba enterrado, dijo Ituarte, y ante la falta de información sobre el destino del cadáver fue asesinado.
Recién en 1971, bajo la presidencia de facto de Alejandro Agustín Lanusse, fue develado dónde se encontraba el cadáver de Evita Perón. Las presiones políticas de la época y “la certeza de que pronto se revelaría el lugar de la tumba”, motivaron a Lanusse a pactar con Juan Domingo Perón, quien estaba exiliado en España, la entrega del cadáver, según Clarín.
“El cadáver fue entregado en Puerta de Hierro a Perón, Isabel Perón y José López Rega”, sigue la crónica.
Pero para muchos argentinos, eso no era suficiente. En 1974, la organización Montoneros secuestró el cadáver de Aramburu y exigió que repatriaran el de Evita. Ese mismo año, cuando ya había fallecido Perón, su tercera esposa María Estela Martínez de Perón, trajo el cuerpo de Evita a Argentina, según Ituarte.
En 1976, la dictadura que había tomado poder el 24 de marzo de ese año, entregó el cuerpo a la familia de Evita, y ellos lo enterraron en la bóveda que hoy está en el cementerio de la Recoleta.
Un dialogo entre el periodista Gonzalo Abarca y las personalidades del momento.
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